Lágrimas de Sanlúcar por su Piedad.


Todo ocurrió el pasado 10 de Septiembre de 2012, en el que los piadosos y Sanlúcar entera, sentía alegría porque la Reina de Sanlúcar se marchaba para ser restaurada y volver con más esplendor que nunca, pero a la vez se sentía tristeza por la marcha de nuestra Madre, una marcha que cuatro meses iba a durar, cuatro meses sin poder ir a verla a su altar, cuatro meses sin poder ir a pedirle y en el que su capilla iba a estar vacía sin su presencia. 

Para su besamanos de despedida, sus priostes le montaron su mejor altar y la vistieron con su mejor ajuar, estaba como siempre, radiante. La capilla estaba a rebozar de hermanos y devotos para poderse despedir de ella y decirle ¡Adiós Madre, Tú espera será larga, pero aquí estaremos el día de tu llegada para celebrarlo contigo!

Llegó la hora de cambiarle la vestimenta para cuando llegara el momento de partir hacia Triana. Le pusieron un capote blanco pureza, y fue ahí cuando dio una lección a todos los sanluqueños, demostró que no le hacía falta ninguna corona, ningún manto bordado, ni ninguna joya para realzar su belleza, porque la belleza la tiene en su rostro.

Llegó el momento de tristeza, llegó la hora de acomodarla y protegerla en un cajón de madera y así poderla llevar al taller de Carrasquilla donde sería tratada con mucho mimo para devolverla a Sanlúcar totalmente sana. El restaurador se quedó perplejo por la cantidad de personas que le dijeron ¡Hasta pronto!, y más aún, cuando vio que más de una decena de coches la escoltaban hasta su taller para asegurase de que llegaba bien. Fueron más de las 2 de la madrugada cuando se salía de Triana de vuelta a Sanlúcar y al día siguiente había que trabajar, pero no importaba el dormir poco portar de quedarse tranquilo sabiendo que ya estaba en buenas manos. Durante la ausencia lo único que hacía que se sobrellevara, era saber que cuando volviese, Sanlúcar volvería a recuperar su color, a recuperar su esencia, volvería a recuperar a su PIEDAD.


Escrito por: Juan José Serrano García